Reflexión: Javier Fesser

miércoles, 4 febrero 2009 0

Para los que estamos empezando los referentes son vitales, son como los faros en las tormentas, sin ellos estás perdido. Los observas, los analizas, intentas comprender el por qué de cada uno de sus pasos, con la finalidad de aprender, de orientarte.

Tenía referentes españoles actuales, por los que sentía más respeto que entusiasmo, eran referentes de manual, de tertulia con café, de los de quedar bien… sin embargo, este año, gracias a Camino, he encontrado en Javier Fesser mi referente.

  • Porque es responsable, como un padre. Cuando empiezan sus películas puedes sentir cómo te coge de la mano y te lleva con firmeza por la historia, sin soltarte ni un sólo instante. Cuando crees que te has perdido, corres a buscarlo y ahí está, a la vuelta del siguiente fotograma. Venga, tonto, te habías asustado. Javier puede responder con orgullo de cada secuencia de sus películas, de cada giro de sus historias y de cada gesto de sus actores.
  • Porque es inocente, como un niño. Porque sus historias son abecé, porque no hace falta más, porque eso es lo que perdura, lo que hasta un niño puede comprender. Pero si buceas hay más, y cuanto más te adentras más descubres. Como una cebolla, así son las historias escritas desde dentro y hacia fuera.
  • Porque su chistera no tiene fin. No hay lugar para el desaliento. ¿Pero cómo va a acabar todo esto? No te preocupes, veamos qué nos tiene preparado Javier. Porque pone mucha magia en lo que hace y eso es lo que vale, porque el cine al fin y al cabo no es otra que magia.

Pero a pesar de todo, le oigo decir con el Goya en la mano: mi suerte ha sido haberme rodeado de los mejores. Qué gran lección.

Y esa no la enseñan en la escuela.

Roque.

1 comentario
  • Planeta Oli
    febrero 4, 2009

    Es un fenómeno. Desde que nos hiciera sentir el peso de aquellas bombonas de butano, o enseñarnos lo caro que es usar una canción de los Beatles en una escena con caballos, ha sido el referente de muchísimos amantes del cine que hemos esperado como agua de mayo cada película suya.

    Y «Camino», que no es, ni más ni menos, que una declaración de amor por… ¡el teatro!

    OLI I7O

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