• Reflexión: La llegada (Arrival)

    Sábado, 11 Marzo 2017 0

    No es una de esas películas de ciencia ficción de rayos láseres ni de frenéticas secuencias de acción. Es algo más grande. Es ambiciosa, seductora, elegante, inteligente, emocional, cerebral, con un desarrollo extraordinario, técnicamente maravillosa. Probablemente una de las mejores películas del año pasado, que nuevamente nos recuerda la nobleza y dimensión que puede alcanzar el género de la ciencia ficción cuando es tratado con inteligencia y humildad.

    El desarrollo de la trama es inquietantemente verosímil. ¿Quién diría que no puede ser así? Visualmente es por unos momentos clásica y en otros un producto realmente novedoso, bien alejada de los clichés a los que nos tiene habituados Hollywood. Déjese seducir por la atmósfera sobrecogedora de los visitantes, la magia de un nuevo lenguaje al que va a ser invitado a conocer. Únase a la protagonista tratando de descifrar qué tratan de decirnos y cómo podríamos hacernos entender.

    La historia nos invita a profundas reflexiones de distinta naturaleza: el tiempo, el amor, el hombre considerado tanto como individuo como en su conjunto. Jugará con sus ideas, las moldeará como los niños juegan con la plastilina. Descubrirá que nos queda tanto por aprender, tanto por caminar, que comunicarnos con esos seres venidos de otro planeta parece algo sencillo en comparación. ¿Estamos listos para aprender?

    El trabajo de Amy Adams dando vida a la lingüista es exquisito e hipnótico. Con su mirada serena y su voz suave es capaz de convertirse en una valiente heroína que avanza con decisión en la oscuridad del desconocimiento y el miedo.

    Aunque le seguía la pista al director, Denis Villeneuve, esta película ha sido para mí la verdadera revelación. Dirige con la mente y el corazón esta maravillosa historia, que comienza hablando de unos alienígenas que llegan a la Tierra y que acaba hablando tan de nosotros mismos. Así de lejana, así de cercana.

    Véala dos veces.

  • Reflexión: ‘Exodus, dioses y reyes’

    Martes, 9 Diciembre 2014 1

    Cuando con apenas nueve o diez años vi “Los diez mandamientos” protagonizada por Charlton Heston, no tuve la sensación de haber visto una película de cine religioso, sino más bien una de ciencia-ficción. Desde entonces el clásico de Cecil B. De Mille ha formado parte del catálogo de mis películas de infancia más queridas, como ya os he contado en más de una ocasión, así que por tanto no podía faltar a la cita a la que nos había emplazado Ridley Scott con Exodus.

    Lo único épico que viví durante la película fue mi enorme decepción. Cristian Bale interpreta al más antipático de los moiseses, llegando incluso uno a empatizar con los egipcios y cruzar los dedos para que por una vez el final la historia diese un vuelco inesperado en favor de ellos. El papel de Cristian Bale, en cualquier caso, no difiere mucho del de Batman, ya que apenas cambian algunas líneas de texto.

    Scott ha querido jugar a reescribir la épica historia bíblica, pero conforme avanza se descubre incapaz de escapar de la trampa en la que él mismo se ha metido. La película chirría por todas partes, en ocasiones es dolorosamente lenta, confusa y frustrante. Después de todo no alcanzo a comprender cuál era el verdadero propósito del director cuando se planteó hacer esta película. No sé si pretendía con esta adaptación darle un aire de credibilidad a la epopeya, aunque desde luego si ese era su propósito, dista mucho de haberlo conseguirlo.

    Brilla, eso sí, la partitura de Alberto Iglesias, épica y muy equilibrada.

    Lástima de película.

  • Lo que deberías saber sobre los festivales de cine

    Sábado, 6 Diciembre 2014 2

    Llevo más de 10 años participando en festivales de cine y presentando mis trabajos en ellos. He sido seleccionado en festivales de todas las clases: grandes, pequeños, nacionales, internacionales, locales… los festivales son un eslabón indispensable en la cadena de distribución. Es la única forma de que tu trabajo sea avalado por crítica y público y que eso sirva para que una distribuidora se fije en ti. También es el lugar perfecto para estar en contacto con la industria, con los compañeros, son el punto de encuentro ideal para conocer gente vinculada como tú al cine y generar sinergias. Además, te brindan la ocasión para contactar directamente con tu público, conocer su opinión de primera mano y escucharles. Por tanto, los festivales de cine no son únicamente una herramienta necesaria e imprescindible para la distribución de una película, sino que además se pueden convertir en una experiencia extremadamente positiva para el cineasta. Los festivales de cine son en sí mismos la fiesta del cine, donde se pone de manifiesto quiénes hacen las películas, y para qué y quiénes se hacen.

    Pero ojo, lo que debería de ser una experiencia positiva, en algunas ocasiones se puede convertir en una pesadilla.

    En los últimos años el número de festivales de cine ha aumentado de forma exponencial. Cada ciudad, cada pueblo, cada asociación quiere tener su propio festival, lo que no es malo en sí, más bien todo lo contrario, ya que se multiplican las ventanas de exposición y las posibilidades de participación. Pero conviene advertir que crear y organizar un festival de cine conlleva una serie de responsabilidades. Sabemos que muchos festivales cuentan con subvenciones y aportaciones de patrocinadores que los convierten en un negocio en sí mismos, dejando en un segundo plano la verdadera misión que debe cumplir un festival de cine: celebrar el séptimo arte.

    Lamentablemente también han aumentado los casos de falsos festivales que nunca llegan a realizarse o, peor aún, que realizándose no cumplen ni muchísimo menos con lo que habían prometido. Identificar estos festivales de cine no es especialmente difícil. Normalmente suelen tener amplísimos periodos de inscripción, cuentan con rimbombantes nombres que incluyen el nombre de la ciudad o el país, pero carecen de un historial de ediciones anteriores ni poseen patrocinadores significativos que avalen su existencia. Suelen tener tasas de inscripción bastante elevadas, un número también elevado de categorías premios y suelen ser bastante opacos en cuanto las reglas de selección de premiados o en la formación de los jurados. Muchos de ellos no cuentan ni siquiera con proyecciones públicas o con oficinas en las mismas ciudades donde se celebra el festival. Si eres cineasta y estás moviendo tu película por festivales de cine y te encuentras con alguno que posea alguna de las características anteriores, sé cauto e investiga un poco los antecedentes del mismo. Ante la duda, evita participar en él.

    También hay otro tipo de “festivales”, he conocido más de uno, que no pretenden sino convertir el festival en un mero cineclub para sus vecinos. Bajo el disfraz de festival, organizan una serie de proyecciones, muchas ellas de películas recientes, sin más pretensión que proyectarlas para hacer algo de taquilla: nada de prensa, nada de industria. Podrán llamarlo festival, pero ese tipo de eventos no tienen la menor utilidad para el cineasta que busca una herramienta de distribución. Llámenlos certámenes, muestras o cine forum, o lo que quieran, pero no perviertan el nombre de festival. Festival significa celebración, fiesta, conmemoración. Es la fiesta del cine y por tanto los creadores, los artistas y los actores deberían ser los primeros invitados.

    Este tipo de festivales, que se estilan mucho en provincias, pueden ser especialmente dolorosos cuando juegan con las emociones de los cineastas. Les piden que hagan un esfuerzo –como si no lo hubiesen hecho ya realizando la película–, que asistan a la proyección y que, de paso, si pueden, se traigan a algún actor de la película para darle algo de color al evento. En la mayoría de ocasiones te dirán que no tienen presupuesto y que no pueden correr con los gastos ni de transporte ni de hospedaje, y puede que hasta se despachen al equipo con unas cuantas tortillas de patatas y un poco de vino malo. No quiero decir aquí que se tenga que agasajar al equipo de una película con una cena cinco estrellas, a lo que me refiero es a la tomadura de pelo a la que te someten algunos festivales que a la mañana siguiente presumen de tener un presupuesto de 90.000 €.

    Muchos festivales ignoran la gran inversión de tiempo y dinero qué tienen que hacer productores y directores para poder llevar sus películas a festivales. Con las tasas de inscripción que tienen muchos de ellos –que no te garantizan que estés seleccionado–, y que oscilan entre los 20 y los 100 euros, es fácil hacerse una idea de la cantidad de dinero que uno tiene que invertir para que su película pueda participar en unos cuantos festivales. El cineasta se ve obligado a tener que hacer una selección de los festivales a los que quiere optar, y cada comunicación qué recibe el que se le informa que su película no ha sido seleccionada se convierte en una pérdida que hay que anotar en la cuenta de pérdidas de la película. Son muchas las ilusiones y los sacrificios que se esconden detrás de cada festival al que se asiste.

    Por tanto no basta con buenas intenciones. Las películas no se hacen solamente con buenas intenciones y para los festivales debería ser igual. Llevar a cabo un evento de estas características conlleva una serie de responsabilidades. La primera de ellas en relación a los cineastas y artistas es la hospitalidad. No se puede echar mano de la ilusión y el entusiasmo que ponen muchos directores y productores en estos eventos para privarles de las más básicas cortesías.

    La organización es básica para que un evento de estas características se desarrolle bien en un periodo de tiempo tan breve como el que suelen tener. Hay festivales que por error proyectan el archivo de baja calidad que enviaste para la selección y no el HD en el que llevas trabajando varios días para que la película luzca gloriosa en la pantalla. Hay otros que olvidan comunicarte que has obtenido uno de los premios y te enteras por la prensa al día siguiente. Hay premios que nunca terminan de llegar… Un elemento común que tenían los festivales mejor organizados a los que he asistido es un programa de voluntariado donde gente de todas las edades, interesados en el mundo del cine, dedicaba unas horas de forma desinteresada a llevar a cabo diferentes tareas del festival. Suele ser gente entregada y responsable que acaban contagiando su ilusión a todos los participantes.

    Los festivales que mejor nos han tratado no han sido aquellos con presupuestos más elevados, ni mucho menos, sino aquellos precisamente más humildes, donde han hecho un esfuerzo especial para compartir unas horas con los creadores de una película o un cortometraje. En ellos nos hemos sentido mejor atendidos y el recuerdo de aquella experiencia permanece en la memoria inalterable.

    Por suerte el trato que reciben actores y cineastas en la mayoría de festivales es excelente. Cualquier director o presidente de festival con un mínimo de sentido común sabe que el secreto de la vida de un el evento de estas características radica en su presupuesto, que en muchos casos proviene de patrocinadores privados. Para que al patrocinador que resulte rentable la participación el evento tiene que tener repercusión mediática y eso sólo lo proporciona la prensa, y a la prensa le atrae el tamaño de las películas que se proyectan y la posibilidad de conectar directamente con sus creadores y artistas. Por tanto ese ciclo debe ser respetado y cuidado año tras año, luchando para que el festival sea un punto de encuentro de actores, directores, productores, distribuidores, prensa y público año tras año.

    Si ese no es el objetivo, difícilmente se le puede otorgar el calificativo de festival.

  • Reflexión: ‘All is lost’

    Martes, 27 Mayo 2014 0

    Hace unos días vi con algo de retraso la película ‘All is lost’, o ‘Cuando todo está perdido’ (como se le llamó aquí), del director estadounidense J. C. Chandor y protagonizada por el elegante y arrugadísimo Robert Redford. Aun recuerdo cuando se presentó fuera de concurso en el Festival de Cannes 2013, en su momento sentí mucha curiosidad por ver la película, pero al ver cómo había respondido el público, me desanimé.

    Además, no sé si poco antes o después, aparecía otra película titulada ‘En solitario’, con ingredientes similares, dirigida por el francés Christophe Offenstein y protagonizada por el actor de ‘Intocable’: François Cluzet. Y acabé por olvidar por completo la de Redford. Sin embargo, la pesqué entre mis manos esta semana y ¡zas! no se me escapó.

    Pasé un buen rato acompañando a nuestro único personaje en su lucha por sobrevivir en mitad del océano índico. Aunque la película puede llegar a ser previsible en algún momento, si no en todo, se percibe un trabajo de fondo tanto de actor como de director que atrapa desde el segundo cero. Está realizada con rigor, austeridad y seriedad. Se percibe en el montaje, en el manejo de los tiempos, en la templanza del intérprete, diciendo más por lo que calla que por lo que transmite. Qué os voy a contar de Redford que no sepáis ya.

    Si pudiera, pondría esta película en las escuelas de cine para demostrarles a los alumnos que «menos es más».

    A pesar de la austeridad del actor, de la música, de la fotografía… ‘All is lost’ es un espectáculo digno de la gran pantalla, con sus secuencias de acción, efectos especiales e inquietudes por saber qué será del bueno de Redford. Sin embargo, el espectáculo no funcionó en la taquilla. Unos raquíticos 6 millones de dólares recaudados en USA y una muy irregular distribución internacional han sido la condena de este película, a la que convendría darle una oportunidad.

  • Reflexión: ‘El lobo de Wall Street’

    Jueves, 30 Enero 2014 0

    Divertida, entretenida, cachonda, irreverente, escalofriantemente real… una sacudida eléctrica. Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien en una sala de cine. Martin Scorsese da rienda suelta a ese lobo salvaje que lleva dentro de sí, y lo hace ni más ni menos que en Wall Street. Hay una pizca de cada uno de sus mejores trabajos en cada minuto de esta película, como si de repente todo hubiese cobrado sentido. Su quinta colaboración con DiCaprio suena a obra maestra.

    DiCaprio lo es todo en la película. Una interpretación redonda, absorbente, ingeniosa, desgarradora y todo con la maestría que sólo un genio puede alcanzar. Nos hace reflexionar cuando por un instante percibes que estás disfrutando demasiado con las travesuras de Jordan Belfort.

    Tres horas de este tándem, Scorsese DiCaprio, para descubrir que la codicia no es buena, es genial.

    Imprescindible.

    -Roque

  • Reflexión: “Entrelobos”

    Lunes, 13 Enero 2014 0

    El planteamiento inicial es de lo más sugerente: un niño abandonado y criado entre lobos, en nuestra España reciente y, además, basada en un caso real. Y aunque el resultado es notable, en ocasiones no está equilibrada la parte de cine documental –sobresaliente– y la de la pura ficción –se combinan actuaciones decentes con otras algo deficientes–.

    Juan José Ballesta entra tarde, se le disfruta poco. Una pena. Podríamos haber tenido a nuestro Tom Hanks particular bailando en torno a una hoguera acompañado de un lobo llamado Wilson. Al menos es lo que me esperaba, y en el fondo buscaba cuando vi la película. La parte de la trama del bandido huido es absolutamente prescindible. Una subtrama gratuita que no ayuda a nada y que sin embargo delata la incapacidad para mantener el foco de atención en la trama principal.

    La producción es potente: una coproducción con nuestros amigos los alemanes. Muy bien fotografiada por Óscar Durán. Y sobre hay que subrayar la excelente banda sonora de Klaus Badelt. Difícil de encontrar, pero quien busca, encuentra.

    En definitiva, un rato agradable con el amargo sabor de boca de que algo no ha marchado bien y que la historia de este joven sigue aún por contar.

    -Roque.